El día 23 de abril del 2026, gracias a la Universidad Camilo José Cela, tuvimos la oportunidad de visitar la sede del Defensor del Pueblo en Madrid. Ha sido una visita que te cambia la forma de ver lo que estudias.
Antes de entrar, para la mayoría de nosotros el Defensor del Pueblo era el artículo 54 de la Constitución. Al salir era algo completamente distinto: una institución con siglos de historia detrás, con personas reales trabajando dentro y con un edificio que lo cuenta todo sin decir una sola palabra.
La historia detras
Lo primero que nos explicaron fue algo que sorprendió a más de uno: la figura no nació en España. Su origen está en Suecia, en la Constitución de 1809, bajo el nombre de Ombudsman, que en sueco significa simplemente «representante». Desde allí se fue expandiendo por el mundo con nombres distintos según cada tradición jurídica: Mediador en Francia, Comisionado Parlamentario en Gran Bretaña, Defensor Cívico en Italia. España no solo adoptó la figura con la Constitución de 1978, sino que la desarrolló con una visión propia que la convirtió en un modelo de referencia para otros sistemas democráticos. Es una de esas instituciones que demuestra que el constitucionalismo español tiene mucho que aportar al derecho comparado.
¿Qué hace el defensor del pueblo? ¿Cuáles son sus funciones?
Al frente de la institución se encuentra actualmente Ángel Gabilondo, en el cargo desde noviembre de 2021, acompañado por Teresa Jiménez-Becerril como Adjunta Primera y Patricia Bárcena como Adjunta Segunda. Esta estructura colegiada no es casualidad: garantiza continuidad y cobertura institucional en todo momento, ya que los adjuntos sustituyen al Defensor en caso de imposibilidad o cese.
En cuanto a sus funciones, cualquier ciudadano, español o extranjero, o persona jurídica puede acudir al Defensor de forma totalmente gratuita si considera que la Administración ha vulnerado alguno de sus derechos. El Defensor investiga, analiza y puede formular recomendaciones, actuar de oficio cuando detecta algo irregular, e incluso interponer recursos ante el Tribunal Constitucional. También publica cada año un informe completo ante las Cortes Generales con todo lo que ha visto y actuado. Como limitaciones puedo señalar que sus resoluciones no son vinculantes ni tienen fuerza ejecutiva, pero cuando habla, la Administración escucha. Y cuando no escucha, el Parlamento y la opinión pública lo saben por lo que tiene una autoridad moral e institucional es innegable.
El recorrido por el palacio
Nos llevaron por un recorrido por el palacio y la verdad es que tiene una energía especial. Nos enseñaron el despacho del Defensor, el de los Adjuntos, y nos fueron explicando la intención detrás de cada espacio. Nada está puesto al azar: la arquitectura está pensada para transmitir accesibilidad, no intimidación. No entras a un juzgado. Entras a un lugar donde alguien te va a escuchar. Ver de cerca cómo funciona por dentro una institución constitucional, con sus pasillos, sus expedientes y sus equipos de asesores especializados por áreas, te hace entender algo que ningún manual puede darte: que el Derecho no es solo teoría, es una estructura viva diseñada para que el poder no aplaste a la persona.
¿Y si quiero ser parte del equipo y trabajar allí?
El Defensor publica convocatorias públicas en su web para perfiles técnicos jurídicos especializados por áreas. Para los que todavía estamos en la carrera, hay programas de prácticas tanto en el Defensor nacional como en los autonómicos, donde los alumnos participan en investigación de denuncias y proyectos reales. Y para los más ambiciosos, el Defensor del Pueblo Europeo convoca periódicamente prácticas para recién graduados en Derecho, con selección por méritos.
Gracias a la UCJC por organizar este tipo de visitas y por entender que la formación jurídica no termina cuando cierras el libro. Ver de cerca cómo una institución constitucional funciona en el día a día, cómo se tramita una queja, cómo se estructura un equipo de asesores, cómo se toman decisiones que afectan derechos reales, es exactamente donde la teoría deja de ser teoría. Y eso no se ve solo en un aula.
Eduarda Torres Acuria, alumna del grado en Derecho
