
Mi hijo mayor, de nueve años de edad, jugó el otro día su primer partido «serio» de baloncesto. Este año se ha federado con su equipo del colegio, y por primera vez era convocado para jugar el sábado.
Aunque, su carácter es más bien templado, estaba lleno de nervios por preparar su equipación, y porque llegásemos con suficiente tiempo a tan importante cita.
El partido se celebró en casa del colegio «Virgen de Atocha». El ambiente de los patios del colegio era espectacular. Varias canchas al aire libre acogían partidos de baloncesto de todas las edades y de todos los sexos. El duelo más vibrante cuando llegábamos era un Virgen de Atocha-Estudiantes de cadetes o juveniles que demostraron un altísimo nivel, pero también había partidos de niños y niñas más pequeños que entregaban todo sobre la pista.
Pero lo más importante que tengo que contar en un blog de estas características, no es lo orgulloso que un padre está de su hijo, aunque para mí si sea eso lo más importante. Lo más importante que tengo que transmitir aquí, es que aunque conozcas la teoría, aunque ya hayas asistido a otros partidos de chavales, mi atención como padre «primerizo» me permitió experimentar cosas que no había sentido antes. Me empapé del ambiente y pude comprobar viendo su partido, y dándome un paseo por el resto de los encuentros que basta asistir una mañana de sábado a una competición de niños para ver todos los arquetipos de lo que se tiene que hacer y también de lo contrario, de lo que nunca deberíamos hacer los mayores para educar a nuestros hijos.
Esa mañana de sábado pude ver muy cerca, al padre hiperprotector, al padre exigente, al padre entrenador, al que discute cada una de las acciones de su criatura, al entrenador protestón, al árbitro educador, etc. En definitiva lo bueno y lo malo estimulando positiva y negativamente a nuestros pequeños en un abarrotado patio de colegio.
Como dijo el otro día el ministro de educación en un acto en el COE, “Ortega y Gasset era sólo uno, aunque mucha gente no lo sepa, y competitividad y solidaridad también deberían ser sólo una cosa en la educación de nuestro hijos”. Que así sea.

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