Las TIC al servicio del desarrollo humano y la promoción y protección de los derechos humanos

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), especialmente a través de los servicios de redes sociales, han modificado por completo la manera de relacionarnos y comunicarnos. No han venido, como muchos critican, a sustituir las redes sociales físicas, sino a complementarlas, creando un espacio híbrido entre las relaciones en el mundo físico y el virtual. Si antes se escuchaba aquel “el que no comunica no existe”, hoy la máxima es que “si no estás en FB no existes”. Los ciudadanos de a pie se han convertido en comunicadores y los medios de comunicación utilizan, especialmente en contextos de revueltas sociales y para dar noticias de última hora, la información que éstos emiten.

Cabe preguntarse qué implicaciones comporta esta revolución que experimentan la comunicación y las tecnologías en el mundo de la justicia social y la cooperación al desarrollo. La respuesta es contundente: una infinidad.

Las TIC han permitido que preocupaciones, problemas e injusticias que atañían a unos pocos, trascendiesen el espacio local para llegar a una globalidad distante físicamente pero muy cercana en pensamiento. El sentido de justicia universal nunca ha logrado asentarse de una manera tan extraordinaria en las mentes de todas las personas del mundo con acceso a la red, que, empoderadas gracias a las posibilidades que las TIC les ofrecen, han sentido las violaciones de derechos humanos ajenas como propias, y han decidido apoyar a los oprimidos, ejerciendo un papel de vigilancia y denuncia con un gran impacto. Se podría decir que las TIC, además de haber servido de plataforma para hacer audible la voz de los oprimidos y permitirles debatir y coordinarse en un grado superior al que antes les fuese posible, han creado una nueva modalidad de advocacy o incidencia política, que cuenta con la mayor legitimidad de entre todas las existentes, ya que canaliza las voluntades de la parte de la humanidad que está conectada.

Pero, ¿qué tan actualizados están los distintos fondos de las Naciones Unidas y las ONG’s en el uso de las TIC?, ¿está el sector sacándoles todo el partido posible, tanto en el ámbito de la financiación al desarrollo, como en el de la sensibilización, la comunicación, la incidencia política y, especialmente, a través de su implementación en las intervenciones de cooperación internacional?

A las puertas del plazo final para el cumplimiento con la primera generación de ODM’s, y en plenos albores de la formulación de los nuevos objetivos, hemos sido testigos de cómo, desde las Naciones Unidas, se ha coordinado una consulta online a nivel global, lo que ha marcado un hito en este ámbito. Por su lado, una gran proporción de ONG’s ha implementado el uso de las nuevas tecnologías y de las redes sociales en el ejercicio de sus mandatos. Los gobiernos comienzan a tomar consciencia del poder que las TIC tienen, y empiezan a utilizarlas como canal de comunicación con sus pueblos. Sin duda, los actores involucrados en el desarrollo están realizando un gran esfuerzo para mantenerse al día en un contexto en el cual las únicas constantes son el continuo cambio y la eterna actualización, pero continúan por detrás de lo que en el sector privado se está gestando y de la maximización de las potencialidades que las TIC brindan.

Es crucial que los distintos actores del desarrollo realicen un esfuerzo aún mayor en el campo, y enfoquen el tema con otra perspectiva: la de la sostenibilidad que la utilización de las TIC les puede otorgar en la provisión de recursos, en el resultado de sus intervenciones y en el grado de legitimidad de éstas. Se requiere de más investigación e innovación enfocada al desarrollo humano en este ámbito, de alianzas público privadas para poder materializar las posibilidades que las TIC representan, a la par que minimizar los posibles riesgos que un control excesivo sobre éstas y su innovación por parte del sector privado puedan implicar.

Además, es de vital importancia combatir la brecha digital: excluye del acceso a Internet a dos terceras partes de la población mundial, conculcando su derecho humano al beneficio de los desarrollos tecnológicos, así como los del ejercicio de su libertad de expresión e información por cualquier medio. Corremos el riesgo de que unas herramientas creadas para conectar e interconectar cada vez más al mundo y a las personas acaben por excluir, de nuevo, a los segmentos de la población más estigmatizados, más vulnerables y tradicionalmente más marginados.

Soluciones innovadoras como operaciones de canje de deuda por tecnología, la creación de un fondo global de acceso a las TIC, la utilización y adaptación de la telefonía móvil como instrumento de conectividad en combinación con la radio y la explotación de las posibilidades que las fuentes de energía renovables ofrecen, han de ser exploradas a fin de democratizar el acceso y uso de las TIC.

No se puede olvidar que, si bien las tecnologías de la información y la comunicación encapsulan una infinidad de oportunidades para el campo del desarrollo humano y el ejercicio de los derechos humanos, son también un arma de doble filo. El uso que de ellas hagamos y lo que con ellas construyamos está bajo nuestra responsabilidad.

Olga Gómez

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