En los últimos años hemos sufrido un proceso de globalización que ha afectado a todos los ámbitos de nuestra vida, y a uno especialmente: nuestra alimentación, produciendo grandes cambios que nunca hubiéramos imaginado.
Hace unos años era impensable disfrutar de un sushi de calidad fuera de Japón, o encontrar un auténtico ceviche en alguna capital europea. Pero esto hoy en día ha cambiado; podemos encontrar platos procedentes de cualquier parte del mundo al alcance de nuestra mano.
A pesar de todas estas ventajas debemos reconocer que han surgido nuevos inconvenientes. La población actual presenta los mayores índices de obesidad jamás registrados y han aparecido una gran cantidad de enfermedades asociadas a esta.
Para combatir esta problemática creciente se están creando líneas de trabajo en diferentes países (este es el eje principal del Departamento de Salud y Hábitos Alimentarios de la Fundación Alicia), alrededor de todo el mundo. Y, curiosamente, pese a situarnos a miles de kilómetros de distancia unos de otros, intentamos seguir recomendaciones comunes:
- Incrementar el consumo de proteínas de origen vegetal, reduciendo el consumo de proteínas de origen cárnico
- Aumentar el consumo de frutas y verduras
- Usar preferiblemente productos de proximidad
- Aprovechar las frutas y verduras de temporada
- Aumentar el consumo de pescado, y en algunos países dar a conocer las propiedades beneficiosas para la salud del consumo de algas.
Todo esto nos lleva a una conclusión general: pese a nuestras diferencias, todos buscamos un equilibro entre nuestra alimentación tradicional y el disfrute gastronómico de nuevas culturas.

Arantxa Perales (Becaria en la Fundación ALICIA)

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