España, Francia y la ejemplaridad en Deporte

Benito Pérez González  

Si les sugiero lo siguiente: ¡No piensen en un elefante!, inmediatamente aparecerá en su cerebro la idea y la imagen de este simpático animal. Seguramente lo imaginarán con sus enormes orejas, con una gran trompa; por su cabeza pasarán la imagen de Dumbo, de los elefantitos de Hatari o de la gran manada que protegía a Tarzán cuando estaba en peligro.
“No pienses en un elefante” es el título de uno de los más importantes libros de comunicación escritos en las últimas décadas. Siendo un ensayo que específicamente se circunscribe al ámbito de la comunicación política, sus argumentos son perfectamente útiles para entender las reglas de la comunicación y las de la construcción de la imagen en otras esferas. Las principales tesis que sostiene su autor -George Lakoff- son dos:
1.       Sugerir a alguien que no haga una cosa lleva inevitablemente a plantearle el dilema que precisamente puede llevarle a hacer esa cosa que no queremos que haga.
2.       No podemos enfrentarnos a nuestros adversarios aceptando su lenguaje, pues implica su marco y no el tuyo. Las ideas preestablecidas generan potentes sinapsis que marcan una línea de actuación difícil de cambiar. 
En este artículo quiero referirme a la polémica suscitada por los vídeos difamatorios del deporte español aparecidos en Canal + Francia, y sobre todo de la reacción que han generado en diferentes estamentos de España.
A mi modo de ver, la excesiva atención que se ha prestado por algo anecdótico no ha hecho más que magnificar y convertir algo pequeño en un problema de estado. Una humorada de dudoso gusto de un canal privado hubiera merecido, a mi modo de ver, luz de gas y desinterés.
Pretender un desagravio y una respuesta contundente de algo que debería ser considerado pequeño no ha hecho más que agrandarlo y situarlo en primer plano, haciendo de ello tema de debate en la plaza pública. Hemos aceptado el lenguaje y el marco de referencia de nuestro adversario y le hemos otorgado carta de naturaleza.
Por otra parte, es cierto también que no dar respuesta a los malos puede hacer que éstos redoblen sus apuestas, y que consideren el silencio la muestra de la aceptación tácita. Difícil equilibrio el de saber cuando un fenómeno se convierte en fenómeno de masas. Este divisorio sobre el que teorizó Malcom Gladwell en su famoso Tipping Point, publicado en España con el título La Frontera de el Éxito, era fácil de alcanzar cuando está por medio el morbo y el sensacionalismo, que por desgracia son la gasolina que mueve a una ingente cantidad de personas.
Creo que ha sido el morbo, más que el deseo de justicia, el que ha movido a muchos medios de comunicación a colocar los focos sobre algo realmente pequeño, obligando –ahora sí- a deportistas, federaciones y autoridades del deporte español a dar una respuesta contundente y categórica. Espero que también sea una respuesta concluyente, y que el tema pase al olvido.
Francia es un gran país, modélico en muchos aspectos, y del que también podemos  aprender bastantes cosas. Por ejemplo, sería magnífico que la gran fiesta del fútbol español que se celebra cada año- la final de la Copa del Rey- fuera una gran celebración de nuestro país y no un motivo de vergüenza para los que creemos que España es una gran nación. La final de hace dos años en la que, por ejemplo, víctimas de un incomprensible complejo se utilizó una versión corta del himno nacional, donde además TVE no pasó en directo la llegada de S.M. el Rey al palco y donde se asumió con reconocimiento de cierta impotencia e incapacidad que no se podía hacer nada frente a los pitidos, abucheos y menosprecio manifiesto de los símbolos nacionales. De momento, la final de la Copa del Rey de baloncesto se ha jugado sin que sonase himno.
Recordando al Ortega y Gasset de La España invertebrada o de La rebelión de las masas, una nación, y realmente cualquier grupo cohesionado, es un conjunto estructurado que necesita para crecer de la ejemplaridad de los más visibles. Nos lo recuerda más recientemente Javier Gomá en su magnífico libro Ejemplaridad pública. Los grandes ejemplos que encontramos en el deporte y los deportistas españoles, llegan como mensajes claros y descodificados a la ciudadanía –la masa de Ortega- y les ayudan a crear modelos y patrones de conducta.
Por eso, realmente deberíamos centrar el debate a nivel interno, siendo realmente críticos y exigentes con nosotros mismos. Actuando todos –clubes, deportista, medios de comunicación y aficionados-  en la búsqueda de un deporte donde no se sublimase el éxito por encima de los valores. Aprovechando en definitiva la gran cantidad de éxitos que vivimos en favor de una mayor práctica deportiva, de una transmisión de valores positivos y de un motivo de orgullo que nos ayude a mejorar como sociedad.
La final de la próxima Copa del Rey que enfrentará al F.C. Barcelona y al Athletic Club de Bilbao servirá para comprobar si las autoridades deportivas, los medios de comunicación y los aficionados al deporte estamos a la altura de la grandeza de nuestro país. Ese día también estará en cuestión la llamada Marca España. En Francia, tal menosprecio no ha pasado sin tener consecuencias, ni rechazo mayoritario.

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