22 de Marzo: las Naciones Unidas celebran el Día Mundial del Agua

Nicaragua. Foto: Mª Jesús Velasco, profesora de Fotografía de la UCJC

El Día Mundial del Agua se celebra anualmente el 22 de marzo como un medio de llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de los recursos de agua dulce.

La creación de un día internacional dedicado al agua fue recomendada durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) celebrada en 1992 en Río de Janeiro. La Asamblea General de las Naciones Unidas respondió a dicha recomendación designando el 22 de marzo de 1993 como el primer Día Mundial del Agua.

Cada año, el Día Mundial del Agua destaca un aspecto particular relacionado con el agua. En el año 2014, la Organización de las Naciones Unidas – en estrecha colaboración con sus Estados miembros y otras partes interesadas – hacen énfasis en el nexo agua-energía, abordando en particular las desigualdades, especialmente para una gran parte de la población que vive en barrios marginales y zonas rurales empobrecidas sin acceso al agua potable, al saneamiento adecuado, alimentos suficientes y los servicios energéticos. También, tiene como objetivo facilitar el desarrollo de políticas y marcos transversales de políticas que tengan por objetivo la seguridad energética y el uso sostenible del agua en lo que se conoce como economía verde o energía sustentable. Se prestará especial atención a la identificación de las mejores prácticas para el uso del agua y la eficiencia energética, para hacer que la llamada “industria verde” sea una realidad. Para más información: http://www.un.org/es/events/waterday/

Con motivo del Día Mundial del Agua, Álvaro Montoya, Asesor del ICDH, analiza el estrecho vínculo existente entre el acceso al agua y la situación de pobreza de individuos y comunidades, en una interacción de doble vía: tanto como factor de vulnerabilidad como estrategia de superación. La discusión se plantea desde la perspectiva del Derecho Humano al Agua y el Saneamiento, en línea con el enfoque ético y político que tiende a abrirse paso en el escenario internacional.

«[…] A lo largo del presente siglo, este entramado de interrelaciones entre agua y pobreza ha originado un fuerte movimiento social, académico y político, que propugna el reconocimiento del agua como derecho humano básico, como quiera que el acceso a agua segura condiciona la satisfacción de otros tantos Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC), empezando por el propio derecho a la vida, la salud o la alimentación, hasta el derecho a la cultura o la religión, pasando por el derecho a la educación o el trabajo.

De este modo, se habla de que toda persona, por el solo hecho de serlo, debe disponer de, al menos, un volumen de 20 litros diarios de agua limpia para satisfacer sus requerimientos más esenciales, a un precio asequible, o incluso gratis en caso de no poder sufragarlo. Por desgracia, esta iniciativa ha chocado con la férrea oposición, más o menos velada, de fuertes grupos de presión, tales como lobbies empresariales que visualizan el agua más como mercancía que como derecho. Viendo el actual panorama mundial, todos, como especie humana, hemos de entonar un sonoro mea culpa, al admitir que aún nos situamos demasiado lejos de honrar este ineludible compromiso moral.

Con todo, no deberían ignorarse pasos tan significativos como la declaración del agua potable y el saneamiento básico como derecho humano esencial, por parte de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 2010. Otro debate sería su implementación mediante políticas concretas […]».

Extracto del artículo de opinión publicado en la revista Árbol de Tinta, editada por la Universidad de Ibagué (Colombia): ISSN 1900-592X, Año XXVI, N° 199, Octubre 2013. Enlace al número completo de la revista: http://es.calameo.com/read/002595284695550fcf31a

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