Planeta Futuro vuelve a informar sobre un elemento esencial: El agua: Problema añadido y búsqueda de soluciones

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LOLA HIERRO
Diffa (Níger) 9 DIC 2016 – 17:11 CET
Existe un pueblo donde terminan todos los caminos, donde no sorprende ver recuas de mulas o manadas de cebúes arremolinadas en el abrevadero. Las etnias pastoralistas acostumbran a descansar en él desde tiempos inmemoriales y llegan con el agotamiento y el júbilo de quien encuentra un oasis en medio del desierto. Este pueblo, de apenas mil habitantes, antes podía darles la bienvenida. Pero ya no.

Un día los visitantes ya no son nómadas. Son refugiados que huyen desde el otro lado de las dunas, desde más allá del horizonte, donde se oculta el remoto lago Chad, e incluso de más lejos. Escapan de la barbarie de Boko Haram, el grupo terrorista cuyo propósito es instaurar la ley islámica radical en el norte de Nigeria. Por culpa de esta violencia desmedida se inicia el éxodo de civiles inocentes y en ese pueblo ahora son más de 26.000 los que intentan subsistir, pero la cantidad de agua es la misma. En poco tiempo se comprueba que el único pozo no da más de sí: las colas son interminables y comienzan las disputas a causa del miedo a quedarse sin llenar el jarro, a no tener con qué saciar la sed. Con una temperatura media de 35 grados en pleno Sahel, solo pensarlo provoca ansiedad. Codazos, empujones, el ambiente cada vez más caldeado. Y, al final, una muerte: la de un pastor fulani del que nadie recuerda el nombre, cuentan los vecinos. Fue apuñalado en medio de una refriega, junto al pozo. Tampoco se desvela si hubo represalias o un culpable identificado… Nada. Solo que no había agua suficiente y cundió el pánico.
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