“Dinero en efectivo en lugar de ayudas en especies”

Cuando ocurre un desastre, muchas son las personas que se movilizan deseosas de ayudar, pero… ¿cuál es la forma más adecuada de prestar ayuda y apoyo? Para dar respuesta a esta pregunta queremos reflexionar sobre algunos fragmentos del artículo “Dinero en efectivo en lugar de ayudas en especies” de Toby Porter (Director Ejecutivo de HelpAge International) publicado el 17 de junio de 2015 en el blog de El País “Planeta Futuro”.

Las aportaciones en efectivo a personas que sufren necesidad o catástrofes son cada vez más comunes. Suponen un complemento a la asistencia humanitaria en especie a la vez que una potencial alternativa. A menudo, es preferible a los artículos de primera necesidad puesto que permite a las personas gastar el dinero en lo que necesitan y tomar estas decisiones importantes por sí mismos de forma digna. El efectivo se gasta localmente y en cosas útiles, lo que tiene un impacto positivo en la economía y puede ayudar, en gran medida, a que los mercados se restablezcan por sí mismos. El dinero en manos de las víctimas más vulnerables de los desastres ha demostrado apoyar a los comerciantes a lo largo de toda la cadena de suministro.

Para los donantes que financian la ayuda humanitaria y las agencias que la proporcionan, esta solución ofrece ventajas muy evidentes. Menos gastos de transporte y almacenamiento significan más fondos donde todos los queremos ver. […] La distribución del efectivo puede reducir en gran medida los costes logísticos, lo que significa que puede llegar más aportaciones de forma directa a las manos de quienes más lo necesitan.

A menudo, las personas mayores se enfrentan a retos específicos durante la distribución de bienes de socorro. Las largas colas pueden ser una dificultad para ellas —y tal vez les resulten completamente imposibles— mientras que para los que tienen menor fuerza, los artículos grandes y pesados pueden ser difíciles de llevar a casa. Las caóticas luchas por conseguir mantas o alimentos lanzados desde helicópteros o camiones son escenas que conocemos muy bien a través de nuestros televisores y tienden a recompensar a los más fuertes en una comunidad, no a los más débiles.

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Las distribuciones de efectivo no son adecuadas en todos los contextos y pueden conllevar riesgos. Las organizaciones necesitan entender el marco económico y de seguridad de la zona. Si no hay alimentos o materiales de refugio que se puedan comprar localmente, el dinero en efectivo no puede poner comida en la mesa o un techo sobre la cabeza de nadie. Las organizaciones que distribuyan dinero en efectivo deben, obviamente, hacer todo lo posible para garantizar la seguridad de todas las personas involucradas. Por ello, pensamos la hora del día en la que se entrega para asegurarnos de que las personas mayores regresan a casa cuando aún es de día y que se actúa con la diligencia debida para garantizar la seguridad, tanto de los beneficiarios y como del personal.

Las organizaciones que donan dinero en efectivo con un fin específico —por ejemplo, para alcanzar un objetivo nutricional positivo o para ayudar a que los niños reanuden sus estudios— deben estar preparadas para aceptar que, en el período inmediatamente posterior a un desastre, una familia puede no compartir las prioridades de la ONG. El mismo factor que hace tan efectivo el empoderamiento para los que reciben el dinero en efectivo puede desafiar las narrativas tan bien coreografiadas y ensayadas en nuestro sector sobre la relación entre las aportaciones y los resultados. Es importante destacar, sin embargo, que el temor a que la gente vaya a gastar el dinero que recibe en «productos negativos» como el alcohol o el tabaco, son casi injustificadas. El hecho de que persistan supone el descrédito de un sistema humanitario excesivamente paternalista y, rara vez, el de las familias que reciben dinero en efectivo.

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