El 20 de febrero ha sido proclamado como el “Día Mundial de la Justicia Social” por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esta decisión fue aprobada en 2007 mediante la Resolución A/RES/62/10 Día Mundial de la Justicia Social.
El concepto de justicia social hace referencia a la necesidad de lograr un reparto equitativo de los bienes sociales. En una sociedad con justicia social, los derechos humanos son respetados y las clases sociales más desfavorecidas cuentan con oportunidades de desarrollo. De esta forma, la justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro y entre las naciones. Se contribuye a la promoción de este principio cuando se eliminan las barreras que enfrentan a las personas por motivos de género, edad, raza, etnia, religión, cultura o discapacidad.
Muchas organizaciones, por ejemplo las Naciones Unidas, consideran que la búsqueda de justicia social para todos y todas es el núcleo para promover el desarrollo y la dignidad humana, y sobre este principio asientan su trabajo. Pero, ¿realmente las organizaciones de cooperación y desarrollo humano informan, conciencian y sensibilizan desde la justicia social? ¿Saben transmitir la importancia de este principio y del principio de igualdad y no discriminación?
Con motivo de la celebración de este día, y para tratar de dar algunas respuestas a las anteriores preguntas, queremos reflexionar sobre algunos fragmentos del artículo Nueva época, nueva narrativa sobre la cooperación y la justicia social de Gloria Angulo publicado el 14 de enero de 2015 en el blog de El País “Planeta Futuro”.
[…]
En suma, persiste hoy una visión de la cooperación como caridad frente a la idea de responsabilidad compartida. […]
La situación descrita obliga a preguntarse sobre las causas que la han motivado y, también, a buscar alternativas para reenganchar a la ciudadanía y activar su compromiso.
[…]
En España, las ONGD han liderado la sensibilización ciudadana sobre la pobreza global y sus causas, y han abogado por la movilización social para el cambio. Pero, junto a este esfuerzo de educación y concienciación ciudadana, las organizaciones también tienen como objetivos la captación de fondos y su posicionamiento como actores sociales con identidad propia. En un entorno crecientemente competido, algunas han optado por el viejo discurso de la caridad de “nosotros” —los donantes— y “ellos” —los agradecidos receptores—, reforzando los estereotipos dominantes en el público sobre la pobreza o fomentando percepciones erróneas sobre el papel de la ayuda en la solución de los problemas. Un discurso, en definitiva, que va en contra del cambio sistémico para acabar con las injusticias globales demandado por estas mismas organizaciones.
¿Cuál es, entonces, la alternativa? Si las organizaciones vinculadas a la cooperación, en particular las ONGD, quieren ser honestas con los objetivos que declaran perseguir deben comenzar por revisar sus modos de comunicar con el público y promover un nuevo discurso basado en las ideas de justicia e igualdad, que ponga de relieve las interdependencias globales y los enormes desafíos a los que todos nos enfrentamos. […]
Eliminar la pobreza requiere desafiar los sistemas, las relaciones y poderes que la perpetúan. Ese cambio de reglas no es posible sin la participación y transformación de las sociedades desarrolladas como la española. […] Ello requiere una ciudadanía informada, crítica y activa que discuta y traslade sus preocupaciones al debate político y social. Estas acciones pueden abrir el espacio necesario a los profundos cambios económicos, sociales y medioambientales que se necesitan para abordar la pobreza y la injusticia social.
Si quieres leer el artículo completo pincha en el siguiente enlace: Nueva época, nueva narrativa sobre la cooperación y la justicia social
