El pasado 6 de febrero se celebró el “Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF)”. Esta práctica, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos” (OMS, 2012). Existiendo diferentes tipos de MGF (clitoridectomía, escisión, infibulación…), todas ellas suponen una violación a los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física. Además, estas prácticas vulneran el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, e incluso el derecho a la vida en las ocasiones en el que el procedimiento provoca la muerte.
Hoy en día, y según datos del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), se calcula que hay aproximadamente unos 130 millones de niñas y mujeres que sufren las posibles consecuencias adversas que trae aparejada la mutilación. Éstas incluyen problemas psicológicos, tales como, depresión o trastorno por estrés postraumático y problemas de salud, tales como, hemorragias graves, quistes, infecciones e infertilidad, así como complicaciones en el parto y un mayor riesgo de muerte de recién nacidos.
Según diferentes fuentes consultadas de Naciones Unidas, se estima que esta práctica es común en aproximadamente 29 países de África y de Oriente Medio, pero también está presente en ciertas áreas de Asia, el Golfo Pérsico y América Latina. Además, las corrientes migratorias han provocado un aumento de la prevalencia de la mutilación genital femenina en Europa, Estados Unidos, Australia y Canadá.
Los motivos por los que se practica son muy variados, entre los cuáles se incluye:
– Religión
– Tradición
– Fertilidad
– Higiene
– Salud
– Estética
– Control sexual de la mujer
La MGF se suele llevar a cabo por mujeres que carecen de conocimientos anatómicos y sanitarios, aunque estudios recientes muestran que alrededor del 18% son llevadas a cabo por profesionales de la salud y en algunos países este porcentaje alcanza el 74%. Quienes realizan este tipo de mutilación, al igual que los padres y madres de las niñas a quienes se les practica, consideran que es una práctica buena que no conlleva consecuencias negativas para las mujeres. Por eso, la ONU insta a los Estados a que desarrollen, apoyen y cumplan estrategias que incluyen la sensibilización, formación y concienciación de personal médico, trabajadores sociales y líderes locales y religiosos para evitar que siga propagándose esta práctica que vulnera derechos humanos básicos.
La conmemoración de este día es parte de una campaña de sensibilización que aprobó la Asamblea General de la ONU mediante la Resolución A/RES/67/146 “Intensificación de los esfuerzos mundiales para la eliminación de la mutilación genital femenina” en diciembre de 2012 para poner fin a la Mutilación Genital Femenina. Dos años después, en diciembre de 2014, dicha Asamblea adoptó una resolución para intensificar los esfuerzos para la eliminación de esta práctica y recoger la necesidad de que este asunto se incluya en la “Agenda de Desarrollo post- 2015”. Con ello, se espera frenar la tendencia actual y evitar los pronósticos que afirman que para 2030 aproximadamente 86 millones de niñas en todo el mundo sufrirán algún tipo de Mutilación Genital Femenina.
