Testimonio de Laura Gónzalez, participante del programa de voluntariado internacional de la UCJC 2014/2015
Ya ha pasado un año desde que comenzó la aventura y parece que fue ayer. Los nervios, la emoción, y sobre todo la ilusión de emprender esta increíble experiencia de la mano de la Universidad Camilo José Cela y de Ayuda en Acción.
Todo comenzó cuando descubrí la oferta para participar en distintos proyectos de voluntariado en la web de la UCJC. Decidí inscribirme y al poco tiempo me llamaron para concertar una entrevista en la cual me explicaron en qué consistía la oferta y los distintos programas a los cuales podría optar, ¡había tantos que no sabía por cuál de ellos presentar mi candidatura!
Finalmente, y dado que mi vocación es la enseñanza, postulé y fui seleccionada en un programa de apoyo en educación en la provincia de Manuel María Caballero, perteneciente al departamento de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Se trataba de un programa de tres semanas de duración durante el mes de agosto, durante el cual deberíamos ayudar a construir estrategias de aprendizaje, facilitar recursos educativos, ayudar a realizar adaptaciones curriculares, etc.
¡Y por fin llegó el día…! He de decir, que pese a mi gran ilusión y mis ganas de vivir esta experiencia, los días previos estuve muy nerviosa… Nerviosa ante el reto, nerviosa ante lo desconocido, nerviosa porque aún no conocía a mis compañeras de aventura… Pero este “nerviosismo” volvió a transformarse en emoción cuando llegué al aeropuerto y conocí a las otras tres voluntarias que irían conmigo y comenzamos a hablar, a conocernos, a intercambiar opiniones… Tuve mucha suerte, ¡porque resultaron ser maravillosas!

Tras casi doce horas de vuelo llegamos a Santa Cruz de la Sierra, donde nos esperaba Gina, quien sería nuestra coordinadora y nuestro apoyo fundamental durante todo este proyecto. Desde allí nos dirigimos a la sede del PASOC, una entidad local perteneciente a Cáritas y con quien Ayuda en Acción trabaja mano a mano en el departamento de Santa Cruz. Allí nos explicaron sus funciones, cómo trabajaban y cuál sería nuestra labor durante nuestra estancia en Bolivia. ¡Y por fin partimos hacia nuestro destino… COMARAPA!
Comarapa se encuentra a unos 240 km de Santa Cruz. Se trata de la capital de la provincia de Manuel María Caballero, y tardamos aproximadamente unas cinco horas en llegar en coche. Tras una merienda para darnos la bienvenida por parte de la delegación del PASOC, nos fuimos a descansar y a recargar energías para empezar con nuestro trabajo allí.
Los primeros días fueron prácticamente de toma de contacto con la situación educativa de los centros de la región. Siempre acompañadas de nuestra querida Gina, recorrimos muchas unidades educativas: los “kínder”, que son los centros de educación infantil, y las unidades educativas de primaria y secundaria. Tuvimos la oportunidad de reunirnos con los directores de casi todos los centros de la zona, quienes nos explicaban su situación y las necesidades que tenían, los recursos materiales con los que contaban y sus dudas con la nueva ley educativa que se estaba implantando en el país. Gracias a estas reuniones y visitas, pudimos hacernos una idea aproximada de la situación existente y pudimos comenzar a elaborar presentaciones y material para impartir talleres por los distintos centros. Las jornadas de trabajo eran muy largas, pero a la vez muy gratificantes. Recorrimos muchísimos centros y muchos lugares y he de decir, que en Bolivia las carreteras son prácticamente inexistentes, y más si no unen las principales ciudades, como era el caso, por lo que nuestros trayectos diarios transcurrían por caminos llenos de baches e ¡incluso atravesando ríos con el coche! Pero también se hacía muy entretenido, porque nuestra coordinadora nos contaba historias y tradiciones bolivianas, y nosotras a ella también la contábamos cosas de España. Otros momentos eran para intercambiar opiniones e impresiones que nos llevábamos de nuestras visitas y talleres. Tuvimos oportunidad también de dar clases con los niños, lo que fue sin duda una gran experiencia. En nuestra última etapa de voluntariado, asistimos a la inauguración de unas aulas que gracias a los apadrinamientos, Ayuda en Acción pudo construir, con la presencia de la fundadora del PASOC, la hermana Sandra.

Durante los días de trabajo podíamos experimentar sensaciones contrapuestas: por un lado chocábamos una y otra vez con la falta de recursos, tanto materiales, como recursos educativos de los docentes, cuya formación en ocasiones no era la adecuada. Además la implantación de la nueva ley educativa estaba resultando complicada por la falta de concreción y por las diversas interpretaciones que podían hacerse de la misma. Asimismo, a veces nos encontramos con la falta de interés del profesorado y la falta de mentalidad de la necesidad de introducir mejoras en las aulas. También pudimos comprobar que, en muchas ocasiones, los recursos de las familias son muy escasos y no le dan importancia a la educación o no tienen fácil acceso a ella, como por ejemplo el hecho de que hubiera niños que tenían que caminar varios kilómetros para asistir a sus clases. La parte positiva fue conocer profesores y directores de centro con muchas ganas de mejorar los sistemas de aprendizaje, de poner todo de su parte para conseguir mejores resultados y que la situación educativa boliviana comenzara a ser realmente eficiente. Al final de todo, creo que todo empieza por querer hacer las cosas para producir realmente una evolución, y pudimos conocer a docentes y directores con ese espíritu de cambio.
Pero no todo fue trabajo. Durante los tres fines de semana que estuvimos allí pudimos conocer un poco más de la zona. Comarapa es un lugar casi desconocido, ¡pero que tiene una belleza increíble! Estuvimos en una feria de productos típicos de la zona en la vecina población de Saipina; visitamos la Laguna Verde, un lugar precioso; el Jardín de las Cactáceas; el Fuerte de Samaipata, sin palabras para describirlo; fuimos a unas plantaciones de “frutilla”, lo que para nosotros son las fresas; visitamos una zona preciosa de San Isidro, donde vimos helechos gigantes, e incluso tuvimos la oportunidad de ver al presidente Morales muy de cerca durante un discurso y durante un posterior partido de fútbol, en la celebración del 399 aniversario de la ciudad de Saipina.
Ha sido una experiencia que nunca olvidaré, y que, sin duda alguna, quiero repetir. Me quedo con todos y cada uno de los miembros del equipo de PASOC: Gina, Guido, César, Simón, Lorenzo, Mariela, Yamileth, Lupe, Maribel, Gonzalo…Unos trabajadores incansables, en especial Gina, nuestra Gina, que nos acompañó en todo momento, nos invitó a participar en la celebración del cumpleaños de uno de sus hijos con toda su familia, nos llevó a conocer una fiesta en el vecino pueblo de Pulquina junto su marido y sus hijos…Una mujer incansable, y sobre todo, una excelente persona, ¡gracias por todo, Gina, eres todo un ejemplo! Creo que la gente como ella y el resto del equipo son el verdadero motor de una sociedad.
Me quedo también con el resto de personas que formaron parte de nuestra aventura: los amables “profes” y directores, que todo lo que nos ofrecían les parecía poco; con los peques, que nos miraban como si viniéramos de otro planeta pero que enseguida se acercaban a hablar con nosotras, con Sandra, la dueña del hotel donde nos hospedamos; Yovanka, a cuyo restaurante siempre íbamos a comer cuando íbamos a Saipina; Vivi, que nos preparó una tortilla de patatas y unas lentejas que nos hicieron pensar que no estábamos tan lejos de nuestra tierra…
Con mis compañeras de aventura, Elvira, Natalia y Sai, que hicieron de esta una experiencia aún más inolvidable. ¡Un placer conocerlas, sin duda!

Y para acabar, solo decir que me llevo una experiencia para toda la vida, de esas que no se olvidan nunca. Siempre recordaré la amabilidad de la humilde gente de Comarapa; la sonrisa de los niños bolivianos, que disfrutan jugando al balón y yendo corriendo de un lado para otro y que nos hace pensar que no es más rico quien más tiene sino quien menos necesita; esa sensación de “saber vivir”, sin las prisas, el estrés y las banalidades que ocasiones nos rodean en nuestra sociedad, simplemente disfrutando del placer de las cosas pequeñas y sencillas…
Nunca dejaré de estar agradecida a la Universidad Camilo José Cela por esta gran oportunidad, junto con Ayuda en Acción. A los miembros de esta ONG, Fran, David, y Natalia desde La Paz. Y mi especial agradecimiento a Cristina, mi enlace con la Universidad, de quien nunca olvidaré su amabilidad para todo y su gran ayuda y disposición para resolver mis millones de dudas.
Me gustaría volver a Comarapa dentro de diez años y poder comprobar si esos pequeños granos de arena que año tras año vamos dejando los voluntarios gracias a estas grandes iniciativas tienen su fruto… Y me quedo con esa sensación de haber recibido más de lo que he dado.
