Discurso en recuerdo y homenaje de Héctor Valero Alcalde, un alumno y una persona ejemplar

Benito Pérez González – beperez@ucjc.edu

El pasado 20 de marzo nos reunimos para homenajear y recordar a Héctor Valero Alcalde, un alumno que falleció en trágicas circunstancias el pasado 16 de septiembre de 2011 y que dejó un recuerdo inolvidable en la Universidad Camilo José Cela.

Este discurso fue leído por Benito Pérez González, director del Instituto de Ciencias del Deporte de la UCJC que en nombre de todos los profesores pronunció las siguientes palabras:

Queridos Carmen, Jesús, Esperanza y Sergio,

En un brillante artículo de opinión que he leído recientemente, Félix de Azúa, filósofo y crítico literario contaba que nuestra generación antes que de ensayos, necesitaba para entender mejor el mundo en el que nos ha tocado vivir, de una gran novela. La capacidad que tiene este género literario, es que la realidad con sus miles de casos particulares que forman una red inabarcable se funden en la novela en un par de convincentes personajes que nos ayudan a entendernos y comprender mejor nuestras vidas. Estando de acuerdo con Azúa, yo añadiría algo: Lo que necesitamos es personas ejemplares, personas como Héctor Valero. Héctor representa como pocos a uno de esos personajes admirables que con su ejemplo de vida nos hacen ser mejores a los demás, y permiten crear una narrativa repetible y memorable. Héctor acrisola muchas de las virtudes que admira la gente de buen corazón. Su desgraciada muerte se debió a su compromiso cívico y a su responsabilidad como ciudadano de bien. Héctor no era un solidario de salón.
Quiero también condenar desde esta tribuna la violencia, así como el soslayo con el que a veces se permite el libre albedrío de los fanáticos que ejercen su presión con total impunidad. Se hace necesaria una condena unánime y sin paliativos de aquellos que intentan someternos a su sinrazón.
A toda velocidad en nuestros quehaceres diarios difícilmente tenemos tiempo para pensar en los demás, para ofrecerles una palabra dedicada o una sonrisa. Una sonrisa…Sentíamos debilidad por la sonrisa de Héctor. Era uno de sus signos distintivos. Significaba comprensión, tolerancia y bondad.
En cuanto al Héctor alumno y al Héctor compañero, quiero decirles que también podíais estar orgullosos de él.
El recuerdo unánime que me transmiten sus compañeros es el siguiente: “Tuvimos la suerte de compartir muchos momentos con Héctor. No recuerdo de él ninguna actitud negativa. Siempre estaba alegre, amable, atento y dispuesto a ayudar. Es por eso que con frecuencia nos acordamos de él. Durante nuestro paso por la vida llevaremos a Héctor en el pensamiento y en el corazón…”
Su expediente académico con una nota media cercana al 9, con 2 matriculas de honor y 4 sobresalientes en el último curso, hablan con elocuencia de su capacidad y de su brillantez como alumno. Pero los profesores apreciábamos en él algo más que su inteligencia, apreciábamos su capacidad de compromiso  y su avidez por aprender. Participaba en todo y practicaba un ejercicio cada vez más difícil de ver, que es el de la gratitud. Un gran alumno como él siempre es un acicate para sus compañeros y una gran motivación para sus profesores. De hecho nos demostró que los profesores también tenemos mucho que aprender de los alumnos, y que siendo responsables de llenar su cabeza de conocimientos, también somos responsables de estimular su carácter y su ejemplaridad.  Me dice uno de sus profesores: “…de Héctor me viene el recuerdo de las palabras que cruzábamos al final de las clases…creo que aprendí de estas tanto, sino más, de lo que él lo hizo de mis lecciones. Sus comentarios sinceros y justos, diciéndome lo buenas y también lo tostón que habían sido las clases me mostraron a un chico que denotaba una trayectoria vital sincera, afectuosa y porque no decirlo, con los pies en el suelo”.
Cuando a veces debatimos en nuestro ámbito qué significa universidad, quién es un buen investigador, cómo construir un proyecto equilibrado, encuentro buenas respuestas en actitudes como las de Héctor Valero, que entendió perfectamente lo que significaba el concepto universidad: trabajo duro, humildad, ejemplaridad, curiosidad e integración de conocimientos.
Muchas Gracias.

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